Instituto Bolívar de Estrategia y Diálogo
Pensamiento Estratégico, Diálogo Global

Por qué dar consejos es más fácil que aplicarlos: “El peso emocional difiere cuando el problema es personal o externo”

Jun 3, 2025, 03:42

Ofrecer orientación a otros parece simple al examinar sus problemas desde la distancia. Las soluciones aparecen más claras y las emociones no son tan impactantes. Sin embargo, la narrativa cambia cuando el cristal se convierte en un espejo, reflejando nuestras propias luchas. Esas palabras de sabiduría, una vez dispensadas con facilidad, se enredan en la incertidumbre al enfrentarnos a nuestro propio reflejo.

Los problemas personales agitan emociones como el miedo y la ansiedad, que se disipan cuando los dilemas son externos. “Ver las cosas desde la perspectiva del consejero es más fácil porque las emociones no interfieren, lo que permite decisiones más racionales y objetivas,” comparte Carmen, una joven de 25 años de Madrid, que encuentra desafiante aplicar los consejos que da a sí misma. Los psicólogos están de acuerdo: “La implicación personal intensifica las emociones, distorsionando las perspectivas. Con problemas externos, las emociones son menos intensas, facilitando una toma de decisiones más racional,” explica Sheila Establiet, psicóloga en el centro de adicciones Reinservida.

Emociones negativas como el miedo, la angustia o la incertidumbre emergen al resolver problemas personales. “La incertidumbre es mi mayor obstáculo para aplicar mis propios consejos, especialmente con el riesgo de fracaso,” admite Carmen. Las teorías filosóficas han reflexionado sobre estos pensamientos durante siglos. “Los humanos inherentemente se protegen, creando vidas no dictadas por la herencia genética, lo que lleva a la inseguridad. A diferencia de las hormigas, que conocen sus roles, los humanos deben decidir sus caminos, generando inseguridad,” analiza Joan-Carles Mèlich, filósofo y profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Los posibles resultados de las acciones personales son abrumadores en comparación con los externos. La incapacidad de controlar todas las consecuencias causa a Carmen una angustia significativa: “Me estresa cuando no puedo manejar situaciones si salen mal. Cuando las cosas están fuera de mi control, es frustrante no poder mejorarlas,” comparte.

Para el filósofo francés Jean-Paul Sartre, una figura clave en el existencialismo, los humanos son libres pero condenados a elegir. “Una vez que se toma una decisión, se es completamente responsable de ella, lo que genera ansiedad,” elabora Mèlich. Los existencialistas argumentan que evadir la elección equivale a “mala fe.” “La responsabilidad significa responder por tus elecciones. En el mundo acelerado de hoy, las decisiones son fugaces, lo que obliga a una reevaluación constante,” razona el filósofo.

Las consecuencias de las decisiones pueden ser vastas. A menudo, la mente cae en la trampa de intentar resolver cada problema potencial. Dos factores psicológicos explican este ciclo: “La rumiación es obsesionarse con un problema, y el sesgo de negatividad se enfoca solo en lo malo. La rumiación constante cava una tumba mental, atrapándonos en pensamientos negativos,” define Establiet. “Al evaluar las vidas de otros, evitamos la rumiación y la negatividad, abordando los problemas con positividad. El peso emocional difiere si el problema es nuestro o de otra persona,” añade la psicóloga.

¿Cómo enfrentar estas consecuencias? Algunos abogan por la acción prudente, evitando el optimismo ingenuo o el miedo paralizante. “El control total es imposible. La indisponibilidad de la vida significa que no todo puede decidirse, como la nacionalidad o la familia. El concepto de frónesis de Aristóteles sugiere que las personas prudentes logran una buena vida,” argumenta el filósofo. Otros actúan imprudentemente, conocido como hybris, que es el exceso.

Carmen se identifica con el grupo prudente: “Aconsejo con cuidado, analizando influencias y consecuencias, prefiriendo la previsión en lugar de sorpresas.” Sheila Establiet sugiere técnicas como listar pros y contras para sopesar los resultados, o practicar la atención plena por la mañana para reducir la ansiedad y tomar mejores decisiones bajo presión.

¿Somos responsables de los consejos fallidos? “Cuando el consejo no funciona, empatizo con la frustración porque no puedo controlar mis situaciones, mucho menos las de los demás. Intento encontrar soluciones alternativas,” explica Carmen. Los consejos a menudo provienen de la experiencia personal, ofreciendo seguridad a través de desafíos compartidos. “Aunque baso mis consejos en mis experiencias, cada situación es única. Lo que funciona para uno puede no funcionar para otro. Los problemas son tan diversos como las personas y circunstancias, complicando la aplicación de soluciones pasadas,” añade.

Mèlich distingue entre dar ejemplos y ofrecer testimonio: “Los ejemplos son valiosos, pero cuidado con aquellos que se presentan como modelos. La vida debe ser modesta, evitando la arrogancia. El testimonio, sin embargo, comparte viajes personales, permitiendo que otros encuentren paralelismos sin replicar caminos,” describe.

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