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"Crowd" de Gisèle Vienne: Una Fiesta Rave en Cámara Lenta que No Logra Encenderse
El concepto de transformar una rave en un espectáculo teatral tiene potencial, al igual que la atracción inicial de la creación de Gisèle Vienne, Crowd. La actuación comienza con 15 bailarines entrando gradualmente en un escenario cubierto de tierra, rodeado de restos de latas y botellas de plástico. Una banda sonora techno nostálgica de los años 90, que recuerda la era temprana de los raves, acompaña su entrada, inspirando el deseo de capturarla en una lista de reproducción. El movimiento y baile en cámara lenta, la columna vertebral de este espectáculo presentado en los Teatros del Canal en Madrid, desafían a los intérpretes a mantener una fluidez natural. En la escena de apertura, los bailarines sobresalen mientras interactúan entre sí, sus cuerpos en cámara lenta interactuando con la música electrónica a un ritmo regular, creando un contraste atractivo que recuerda las obras audiovisuales de Bill Viola, conocidas por impartir nuevos significados a través de la cámara lenta.
Mientras los bailarines se saludan, deambulan solos, fuman o beben, el escenario se llena de chaquetas bomber y pantalones de chándal coloridos y anchos con rayas laterales. En medio de esto, narrativas sutiles se desarrollan en el fondo, con la violencia emergiendo en las esquinas del escenario mientras la mayoría continúa bailando. La yuxtaposición de celebración contenida y violencia se convierte en un motivo recurrente, sin embargo, la rave se siente significativamente disminuida.
Sin embargo, la intriga se disipa prematuramente cuando la actuación desciende en un ciclo de repetición carente de intencionalidad. Si bien los gestos repetitivos pueden ser efectivos en coreografía, como lo evidencian las obras de Pina Bausch o Tragèdie de Olivier Dubois, donde los bailarines caminan durante media hora induciendo un trance, o las piezas minimalistas de Christos Papadopoulos como Larsen C y Mellowing, Crowd no logra aprovechar la repetición con propósito. La reiteración de movimientos y estados se siente vacía de dirección.
En última instancia, Crowd es una idea atractiva que se desvanece en mera anécdota después de una hora y media de actuación, alargándose como si durara tres. Rápidamente pierde su vigor, sin lograr resonar o cautivar, incluso durante los momentos de caos pasajero cuando se lanzan agua y botellas de plástico. Al igual que las imágenes teóricas que fallan en la práctica, la actuación carece de profundidad e impacto.















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