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En medio del fuego cruzado: La peligrosa evacuación de un santuario animal en Culiacán
En las remotas montañas de Sinaloa, dentro del notorio "Triángulo Dorado", un centro neurálgico del tráfico de drogas, las autoridades descubrieron dos tigres de Bengala abandonados tras una redada. Diego García Heredia, jefe de logística del santuario Ostok, fue encargado de su rescate y rehabilitación. Con temor, él y su equipo se embarcaron en la misión, conscientes de los recientes robos armados y amenazas de las facciones criminales locales. Afortunadamente, contaban con escolta naval. "Los signos de violencia estaban por todas partes, recordándonos los peligros potenciales en un área tan aislada", relató García. Esta operación marcó uno de los rescates finales antes de que Ostok trasladara a más de 700 animales a Mazatlán, buscando refugio del conflicto narcótico.
El rescate de los tigres coincidió con una masacre en el centro de Culiacán, donde grupos armados mataron a nueve personas en un centro de rehabilitación, amplificando la violencia derivada de las disputas internas dentro del Cártel de Sinaloa. Esta ciudad es un campo de batalla principal, con Ostok situado justo afuera, recuperando animales que alguna vez pertenecieron a capos de la droga o encontrados durante redadas policiales.
Operar en medio del miedo se ha vuelto algo natural para estos rescatistas. El santuario, ubicado a solo 17 kilómetros de Jesús María—donde Ovidio Guzmán, hijo del infame capo El Chapo, fue capturado en 2023—no fue inmune al caos circundante. Los disparos y helicópteros eran un telón de fondo común, con vehículos quemados alineando las carreteras cercanas al santuario.
A pesar de los peligros crecientes, el personal continuó su trabajo. Los encuentros con individuos armados y los bloqueos en las rutas se volvieron rutina, aumentando su ansiedad. "Vehículos con hombres armados bloqueaban nuestro camino, cuestionándonos. Estábamos asustados pero teníamos que seguir adelante por el bien de los animales, sabiendo los riesgos involucrados", compartió García.
El propietario del santuario, Ernesto Zazueta, enfrentó desafíos crecientes a medida que la violencia cerraba muchos negocios, incluidos proveedores esenciales. "La movilidad disminuyó; los bloqueos y los incendios nos impedían llegar al santuario para alimentar a los animales", admitió.
La atención veterinaria también se volvió inviable. Bireki, una elefanta con una dolencia en la pierna, no pudo recibir atención profesional en una zona tan conflictiva. "Ningún veterinario se atrevió a venir, ni siquiera desde Culiacán. Temían por su seguridad", recordó Zazueta. Finalmente, lograron manejar su cuidado mediante orientación remota de especialistas.
A medida que las amenazas contra Zazueta y su familia se intensificaron, primero en línea y luego por teléfono, inicialmente las desestimó. Sin embargo, durante una visita a Mazatlán, aconsejó a su esposa y cuñado que se unieran a él, usando un vehículo discreto típicamente usado para rescates. Sin embargo, en plena luz del día en el centro de la ciudad, fueron emboscados por ocho atacantes, despojados de sus posesiones, incluido equipo esencial de rescate.
Este incidente fue el punto de quiebre. "Rescatamos animales para ofrecerles una mejor vida, pero estábamos fallando", confesó Zazueta. El propietario del parque ecológico de Mazatlán proporcionó 50 acres para acomodar la fauna rescatada de Ostok. Aunque trasladarse era abrumador, permanecer en Culiacán era insostenible. Transportaron leones, jaguares y elefantes en jaulas y contenedores a su nuevo hogar. "Todavía nos quedan 200 animales por trasladar, incluidos muchos grandes felinos rescatados de la infame Fundación Black Jaguar", explicó.
El destino de la vasta propiedad de Ostok cerca de Jesús María sigue siendo incierto. Mientras evacuan a los animales restantes, la vigilancia captura individuos en vehículos vigilando el sitio. "José Luis, quien cuida de los grandes felinos, reportó personas sospechosas en la puerta. Le instruí que huyera si la cruzaban, priorizando su seguridad", relató Zazueta. Muchos empleados optaron por continuar su viaje a Mazatlán, algunos incluso durmiendo en sus vehículos para cuidar a los animales. "El amor por los animales los impulsa. Planeo construirles alojamiento aquí", prometió Zazueta. Respecto al futuro de Sinaloa, se mantiene optimista. "Culiacán siempre se levanta de la adversidad. Hemos enfrentado desafíos antes, pero nunca a esta escala. Deseo regresar, ya que es mi lugar de nacimiento, pero a veces las circunstancias dictan lo contrario", lamentó.















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