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Solicitud y Aplausos Gentiles
La icónica plaza de toros de Las Ventas descendió nuevamente a la mediocridad. Cuando el tercer toro cayó ante las hábiles manos de Roca Rey, surgió una ola de pañuelos, señalando el deseo de que el matador peruano recibiera un trofeo de oreja. La demanda fue persistente, posiblemente debido a los lentos mulilleros, pero el presidente se mantuvo firme y negó el premio. Mientras el toro era arrastrado, Roca buscó refugio en el callejón, acompañado solo por gentiles aplausos de un puñado de espectadores.
Sin precedentes. No hubo ovación de pie, ni saludo, ni protesta desde las gradas. ¿Cuál era el propósito de la solicitud? Este enigma solo puede resolverse reconociendo la falta de profundidad de la audiencia actual, que llena felizmente la arena pero también la inunda con una ignorancia festiva. Tal es la característica de los tiempos contemporáneos.
¿Merecía Roca Rey el reconocimiento? Desde el principio, su determinación fue evidente, como es habitual en este matador. Saludó a su primer toro con verónicas y delantales, el subalterno Viruta saludó con banderillas, y Roca se arrodilló en el centro durante el último tercio, ejecutando dos muletazos por detrás, dos más altos, y el obligatorio pase de pecho, cautivando a la multitud. El toro fue amable, al igual que sus hermanos, pero indudablemente inválido, lo que no impidió que Roca extrajera cada onza de fuerza. A pesar de su actitud encomiable, no fue digno de oreja.
Sin embargo, reclamó la oreja del quinto toro, otra criatura gentil y noble, inicialmente apagada pero luego vigorizada a través de las últimas tres tandas por la derecha, donde toro y matador se unieron en muletazos suaves y conectados, seguidos de movimientos circulares que finalmente conquistaron al público.
Otro trofeo fue reclamado por Rafa Serna, quien fue consistente en su presentación, a pesar de tener experiencia limitada desde su alternativa en Sevilla en 2017. Impresionó con capote en verónicas elegantes y tafalleras con su primer toro, y esperó al sexto de rodillas en el centro, ejecutando un cambio largo ajustado, seguido de un conjunto de verónicas, y luego un chicuelinas galleo llevando al toro al caballo, concluyendo con una revolera llamativa.
Con muleta en mano, demostró dedicación, valentía y, sorprendentemente, más habilidad de la esperada. Su primer toro terminó rápidamente, pero el sexto permitió tandas satisfactorias de ambos lados. El toro sacudía defensivamente su cabeza en cada encuentro, evitando por poco el desastre. Una espada caída no le impidió recoger una oreja, demandada fervientemente por las gradas cautivadas por su resolución.
Diego Urdiales enfrentó peor suerte y una tarde decepcionante. Su primer toro fue un desastre, y con el cuarto, que repetía más en la muleta, entregó pases incoloros y superficiales que no lograron avivar ninguna emoción.
En años no tan distantes, varios toros de esta tarde habrían sido devueltos a los corrales debido a la obvia invalidez. Pero si alguien duda que los tiempos han cambiado, hoy es prueba indudable. Tiernos, dóciles y muy débiles, pero los seis encontraron su fin en el ruedo injustamente.
Toros de El Torero, apenas presentables, mansos, inválidos, muy nobles y faltos de espíritu. El cuarto fue el único que cumplió en las varas y repitió en el último tercio.
Diego Urdiales: pinchazo, estocada perpendicular y contraria aviso (silencio); estocada (silencio). Roca Rey: estocada (solicitud y aplauso gentil); aviso estocada baja (oreja). Rafa Serna, quien confirmó la alternativa: estocada trasera y caída (silencio); estocada caída (oreja).
Plaza de Las Ventas. 29 de mayo. Decimoctava corrida de la Feria de San Isidro. Plaza llena con 'no hay billetes' (22,964 espectadores, según la empresa).















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